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marzo 8, 2013 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

Alto derroche publicitario, en tiempos de Cero Campaña

La campaña ya terminó pero el Gobierno mantiene el clima de contienda electoral con mediáticas visitas a los pueblos y la difusión de anuncios estatales de todo tipo.

Queremos creer en la palabra de Rafael Correa, que dijo que no se va a presentar a una nueva reelección, que además no está contemplada en la Constitución del año 2008, la de Montecristi.

Históricamente, la palabra de Rafa no ha estado muy conectada con la realidad. Correa es un prototipo de hombre de gran calidad humana y de notables realizaciones desde la perspectiva del ciudadano que no se preocupa de ir hacia lo que se vive en la política del día a día y detrás de las noticias y comentarios políticos. Además, lo dicen y está sentado en los noticieros de los múltiples medios incautados.

Esto contribuye a un prestigio sobre su ética y su lucha contra los que le atribuyen un estilo mitómano en su desenvolvimiento como monitor de los poderes del Estado.

La mitomanía como un ejercicio que se va perfeccionando es lo que hace que observemos con una dosis de incredulidad su primera posición de que no volverá a reelegirse.

Considerar al Presidente como una persona no afecta a presentar la verdad en todos sus actos se deriva de una metamorfosis, desde los tiempos que se presentó como candidato ganador la primera vez, cuando dijo que no sabía por qué los funcionarios tenían que ganar más de cinco mil dólares. Actualmente hay muchos funcionarios que rebasan los 10 mil dólares. Desde allí, en adelante, el economista fue alimentando su fama.

Una de las primeras grandes mentiras, si mal no recuerdo fue haber dicho que no va a usufructuar de los medios incautados (Gamavisión, TC, Cablevisión, CN3, CD7, Grupo TvCable y las radios: TC Radio, Super K 800, Super K Universal) y que los vendería enseguida. Eso ocurrió el 8 de julio del año 2008. Es decir, el Gobierno ya va para el quinto año de aprovechamiento de señales que no le pertenecen o que no se usan para los fines que se anunciaron al momento de la incautación.

Otra de las mentiras, esta sí mayúscula, haber señalado que el 30 de septiembre un complot internacional, luego de sesión en Miami, intentó darle un golpe de Estado. Por cierto, los complotados, entre ellos Lucio Gutiérrez, Carlos Vera, los contactos en Miami, Andrés Oppenheimer, tenían que haber sido adivinos para saber que el economista iba a acudir al Regimiento Quito, a enfrentar personalmente la revuelta policial, un hecho que no constaba en la agenda del mandatario (es decir, él y su espontaneidad le atrajeron a donde se había subido la temperatura).

Los ejemplos de mentiras correístas se podrían poner en un ensayo muy vasto, pero no se trata de enumerar esta parte de la personalidad del Presidente, sino dar por sentado que su palabra no suele tener todo el crédito, de allí que ahora amenaza “si me siguen molestando, me lanzo nuevamente a otra reelección”.

Eso es lo que estamos seguros que quiere, no en vano ha adoptado la franquicia que patentó Hugo Chávez, el mismo que si no alteraba la Carta Magna, en su última reelección no debió presentarse, pues la Constitución llanera le impedía, pero en el entretiempo de su anterior reelección creó una Consulta para lograr modificar la Constitución venezolana y eso le dio luz verde para buscar nuevamente el poder.

Bueno, sigamos Ecuador. Hay un gobierno en constante campaña, de allí que causa admiración el derroche publicitario que ha vuelto a exhibir el régimen, con temas de corte doméstico pero efectivos para que sirvan de “ejemplo o consejo” a las clases populares, que no siempre tienen tiempo para a su vez dar consejos a sus hijos: resulta que ahora ponen en spot a una muchacha agraciada, que se pone a beber licor sin medida y que trastrabillando sale del antro y es recogida por los primeros que pasan, los mismos que a todas luces representan a dos potenciales violadores. “No tomes, contrólate”, pide la revolución ciudadana a las mujeres y esa recomendación igual les sirve a los padres de familia, que en cuanto advierten el anuncio les dicen a sus hijas e hijos: “Mira, mira lo que va a pasar mija, mijo. Por favor cuídate y si ves que tus compañeros se quedan en el bar pues déjalos y salva tu humanidad”.

La revolución ciudadana descubrió que al pueblo le atrae el discurso paterno del Estado. Con ese mensaje moral que, desde luego, termina con los logotipos revolucionarios, claro que el Gobierno se gana de alivio unos o varios puntos ante la misma ciudadanía que no es capaz de hablar claro a sus hijas (os) y que siente que con ese solo anuncio ya le dan diciendo y eso es bueno, porque el Gobierno les está dando pensando. ¡Que bien!

Correa ha descubierto lo positivo de llegar a los sentimientos de los hogares ecuatorianos, por las vías más sencillas, algo que desde luego ya hizo desde hace 14 años el Comandante de Miraflores.

El Presidente ha dado con el quid, es decir repetir el tratamiento de aquellos temas, cívicos y propios de las buenas costumbres, que ya nos enseñaron hace mucho tiempo padres y profesores, con temas que son actualizados con escenas costumbristas por esta revolución que sabe (siempre a ejemplos del maestro Chávez), que no hay nada más fácil que dar esos consejos que ya los conocen padres e hijos, pero los entregan de una manera creativa, con tecnología, con música de fondo, con acompañamiento de las consignas revolucionarias. Gran obra.

El Gobierno mantiene un alto presupuesto publicitario. Es decir sigue en campaña. Las razones, las deducimos de nuestra parte. Salvo el mejor entendimiento de nuestros lectores.

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